Era Marzo, y yo estaba en la playa, a punto de finalizar las vacaciones, en mi querido y tan cambiado “Los Vilos”, y realmente esta cambiado, no es el caso de que cuando uno es chico ve las cosas distintas, el pueblo creció, de echo el mayor cambio lo trajo la instalación de un puerto para la minera los pelambres que ha traído prosperidad, algo muy bueno para sus habitantes, pero para nosotros fue la perdida de un lugar mágico y poco conocido... pero eso es material para otro cuento
El tema es que justamente ahí estuvo el epicentro, nosotros nos encontrábamos en la casa “jardineando” con la Gueli, o sea limpiando el patio de malezas y otros, tema no menor porque el patio de la casa es enorme, la verdad es que la Gueli limpiaba y nosotros jugábamos a los jinetes montados en unas escobas, por lo que no sentimos cuando el terremoto empezó, pero al cabo de segundos era evidente, el movimiento era tremendo, la gente salía a las calles, incluso en calzoncillos, era la hora en que la gente había vuelto de la playa y se estaba bañando y cambiando de ropa, mujeres histéricas, y mi Gueli, siempre tan centreada nos reunió en un lugar fuera del alcance de los cables y tendido eléctrico... nunca voy a olvidar que mis papás justo habían viajado a Santiago y mi papá había convencido a mi mamá de viajar e un bus de dos pisos... a ellos los pilló el terremoto en la Cuesta de Melón, PEOR, para quiénes la conocen se imaginarán lo terrible de esta situación, ellos nos cuentan que la mamá del chofer iba en el bus y que se quería tirar por la cuesta para abajo, hubieron desprendimientos de rocas, pero gracias a Dios la cosa no pasó a mayores...Esa noche se cortó la luz así que tuvimos una “Velada”, literalmente de juegos de naipes, nadie dormía porque hubieron varias réplicas durante la noche, mi tía Mime nos hizo dormir vestidos y en el primer piso, todo dentro de auto porque decía: “Si hay un maremoto arrancamos para los cerros”, como verán la paranoia y la histeria estaba a la vuelta de la esquina, en todo caso la cosa era fuerte, para nosotros, los niños, fue el broche de oro para un verano increíble, habíamos estado en el epicentro, eso era grosso, el mar se había recogido, era una experiencia para contarle a nuestros hijos....
Otra historia fue llegar a nuestras casas en Santiago, no les pasó gran cosa, pero había grietas, y cosas que se habían roto... eso fue una lata.
Ahora que estamos más viejos, recordamos esos momentos como parte de la rica herencia que nos dio la Gueli, la tranquilidad para enfrentar las situaciones, y hasta hoy seguimos siendo super amigos los tres primos, que compartimos tantas cosas juntos

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